Beto Berdún
Roberto Berdún nació en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires el 15 de diciembre de 1956.
“Cursando 5to. año Bachiller en el Colegio Nacional de esa ciudad, influenciados, fundamentalmente, por los larga duración ‘Con América En La Sangre’ de Opus 4, ‘Sin Mirar Atrás’ de Zupay y el primero (no recuerdo el nombre) del Grupo Vocal Argentino, armamos con tres compañeros un cuarteto vocal llamado Esteban Etcheverría.
Recuerdo con mucho cariño aquellos tiempos vividos intensamente. Cantábamos en colegios, cárceles y escuelas para chicos con necesidades diferentes.”
Al año siguiente, dejó su ciudad natal con la firme decisión de estudiar Derecho en la UNLP.
“Recuerdo que en ese entonces, era poco frecuente o no era socialmente aceptable para nosotros y mucho menos para nuestros padres, egresar del secundario y estudiar música.” Estudiar "en serio" significaba estudiar una carrera "seria".
“Ese fue mi primer divorcio con la música. Felizmente, nunca me recibí de abogado y lamentablemente, por falta de formación académica, nunca fui el músico que me hubiese gustado ser.”
En La Plata (al igual que la mayoría de la población) vivió con mucho temor y su contacto con la música se redujo a esporádicas guitarreadas entre gente muy íntima.
“Sobreviví casi dos años lúgubres y tenebrosos hasta que decidí continuar mis estudios en Capital Federal. Aquí me reencontré con el bajo de aquel cuarteto vocal azuleño, quien me presentó al maestro Ceoli (por aquél entonces director del coro de la iglesia de Santo Domingo) que me incorporó al mismo, permitiéndome ganar mis primeros ‘morlacos’ cantando en bodas los días sabados. Al poco tiempo los curas dijeron:¡basta! y se produce mi segundo alejamiento de la música.”
Pasaron algunos años hasta que se presentó la posibilidad de tocar y cantar nuevamente. Fue en 1984 con Musicate, un grupo integrado por compañeros afiliados a la Asociación Trabajadores del Estado. Allí tuvo la posibilidad de tocar en varios lugares "grosos" de la ciudad, conociendo y compartiendo escenarios con músicos ídem. La incipiente democracia les permitía cantar sin los temores del pasado.
“Fue en esta época cuando un integrante de Ollantay, me recomendó al grupo Incari. Esa fue mi primera aproximación al profesionalismo. Incari tenía tres discos grabados, giras internacionales e iba a por más. Su director era un tipo muy, muy querible. Una fatalidad terminó con su vida y esto con mis ganas de tocar. Tercer alejamiento.”
A comienzos de la década del 90, acompañando esta fluctuante relación con la música, comenzó a cursar en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Su director lo recomendó al grupo vocal-instrumental Santaires y con él recorrió numerosos escenarios del país, ganó algunos premios y grabó tres CD.
“En esta etapa, estuve rodeado de muy buenos músicos, que me brindaron la oportunidad de aprender mucho y de acompañar a otros tantos de disímiles talentos.”
La agrupación se disolvió en 2003 o 2004 para luego rearmarse con nuevos integrantes en el año 2006. Por su parte, Beto estaba definiendo situaciones personales muy difíciles y nuevamente, quedó huérfano de música.
“A mediados de 2006, Jorge Berén (amigo, cofundador de Los Nocheros de Anta, compañero fernetero, ex Santaires, excelente Técnico de Grabación y cantorazo) me contactó con el maestro Ferraudi, exquisito arreglador, fundador y director del Quinteto Albahaca.
Desde entonces, aquí estoy. Nuevamente rodeado de gente buena y talentosa. Convencido de que la música me seguirá llevando por lugares a los cuales es imposible acceder con ningún otro medio de transporte.”

Infancia “azuleña”.

Con Musicate en el Luna Park.

Tocando con mis hijos Pehuén y Antú, futuros músicos.

Dándole a la “percu” con Santaires.

Grabando en Estudio.